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PROYECTO MAYHEM

NUEVO AMANECER.

El consejo rector científico, tras solucionar exitosamente la cuestión de los homosexuales, decidió abordar el controvertido y siempre polémico asunto de las personas con síndrome de down. Después de numerosas peticiones de asociaciones de padres de personas con esta deficiencia, que temían por el futuro de sus hijos una vez ellos desaparecieran, y tras evaluar la necesidad de seguir manteniendo los ingresos que la Confederación de Países Libres les había trasferido por anteriores investigaciones,  sin los cuales tendrían que abandonar numerosas inversiones en sectores industriales diferentes.

Aprovecharon por una lado la reciente técnica fría de trasplantes, basada en los estudios realizados a las ranas orejudas del Canadá, que tras permanecer congeladas todo el invierno resucitan completamente, y por otro los resultados positivos que dicha técnica había experimentado en el transplante de cerebros de primates. Congelando el Bulbo raquídeo a la altura del foramen magnum y seccionando el filum terminal de la médula espinal conseguían, mediante regeneración celular hacer un trasplante limpio y rápido. Los individuos sanos que conseguirían para el trasplante serían presos emigrantes de las cárceles que el Gobierno de la Confederación había privatizado años antes. A estos sujetos baratos se les extraería el cerebro y sería reinsertado en un cuerpo de una persona con síndrome de down, curando así esta grave enfermedad.

“Haber trasladado el cerebro deficiente al cuerpo de un preso no hubiera solucionado la anomalía”, comentó el doctor Lord Onegan presidente del consejo Rector, concluyendo que los padres serian verdaderamente felices cuando descubrieran en sus hijos nuevas habilidades intelectuales, por lo que estarían dispuestos a invertir todo el dinero que fuera posible, y no por tener a un subnormal en el cuerpo de un sudaca.

El Proyecto Nuevo Amanecer comenzó con una estruendosa campaña de maketing. Era imposible no ver un cartel tipo neosovietico en el que aparecía un dibujo de un padre y una madre con un hijo deficiente con rasgos estilizados, mirando hacía el frente en tonos anaranjados.

Lord Onegan, aconsejado por su malvado secretario, Sinkini Kanato, decidió no dar detalles del proyecto ni de la técnica, prometiendo ser asépticos y solucionar este problema que afecta a todas las razas humanas. Dio su palabra de que ellos no iban a tratar a esas personas como cobayas de un experimente, que eran seres humanos y que por lo tanto iniciarían de manera simultánea los trasplantes en 300 hospitales del planeta, continuando todos los días hasta completar el proyecto.

Los padres en masa se inscribían, incluso hubo algunas solicitudes de progenitores con hijos con problemas de introversión, que alegaban querer tener hijos que fueran sus amigos, con los que poder jugar al padel o al golf. Otros padres pusieron en serios apuros al Consejo Rector al pedir que sus hijos completamente normales, pero de apariencia física mongoloide, fueran sometidos al proceso. La respuesta era siempre la misma “aunque comprendemos perfectamente sus razones para solicitar el tratamiento, el consejo rector científico se ve obligado a denegarle su solicitud, y le prometemos ponernos en contacto con ustedes si extendemos el procedimiento a este tipo de patologías”. Se dio publicidad a estos casos para que se viera que era el interés científico el que movía al Consejo y no el económico.

Los ingresos de padres y de gobiernos de la confederación superaron a anteriores investigaciones. El consejo rector y sus inversiones volvían a estar salvados. Los padres despedían a sus hijos diciéndoles “lo hacemos por tu bien, muy pronto te curarás, no tienes nada que temer”, media hora antes de que su cerebro acabara en una papelera.

Dos meses después de la intervención quirúrgica los individuos sometidos eran entregados a sus padres. Ellos no se acostumbraban a su nuevo cuerpo, y mostraban rechazo además de aptitudes autodestructivas. Pero lo que no toleraron los padres fue que al haberse utilizado emigrantes, condición que desconocían, mostraban dificultades para el habla y acentos extraños, por lo que los padres no notaron mejoría alguna, convirtiéndose el proyecto en un fracaso. 

Lord Onegan, con el objetivo de salvar su prestigio como presidente del Consejo Rector, exigió que volvieran a instalar los cerebros anteriores a los deficientes, pero ya era demasiado tarde, Sinkini Kanato había comercializado la grasa de los cerebros de estos, de excelente calidad para la industria del jabonado, en vez de congelarlos, con lo que obtuvo capital suficiente para comprar las voluntades de los suficientes miembros del consejo, con los que convertirse en presidente tras la inevitable dimisión de Lord Onegan.

   

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